Es pleno diciembre y el invierno arrecia en el pueblo de Ennis, Alaska, donde todos esperan el día en que el Sol se ponga y una densa noche cubra la localidad por varios meses. Los lugareños no esconden su angustia por la inminente oscuridad, y el sentimiento se justifica pronto, después del último crepúsculo, cuando ocho científicos desaparecen de la Estación de Investigación Tsalal. La policía llega al recinto y encuentra una lengua humana cercenada en el piso de la cocina, y, más tarde, a los hombres desnudos y congelados en la nieve. O murieron de frío o fueron asesinados. O pudo ser obra de una fuerza sobrenatural; en Ennis suelen pasar cosas que desafían la lógica. De cualquier manera, será difícil esclarecer lo sucedido en medio de las tinieblas.
Así empieza True Detective: Tierra Nocturna (2024), la cuarta temporada de la serie antológica de misterio de HBO, creada por el guionista Nic Pizzolatto en 2014. Sin embargo, ahora es la cineasta mexicana Issa López quien ocupa los cargos de creadora, showrunner, guionista, productora ejecutiva y directora de los seis episodios que comprenden esta temporada, la más satisfactoria e impactante desde la primera. Y cuenta con un subtítulo, un topónimo de enigmático significado.
UN LUGAR EN LA NIEVE
La ambientación circumpolar le otorga a la serie, pues, un adecuado frescor narrativo. Ennis es una invención de la directora, en la que ella despliega su idiosincrasia, que abarca desde el realismo mágico de la literatura latinoamericana a la iconografía típica del cine de terror.
Pero el pueblo no se siente ficticio, porque López incorpora a la historia las tradiciones y los conflictos indígenas que, de hecho, afectan a la región, cartografiando un paisaje tétrico y venerando su folclor. Y también porque ella sabe equilibrar los meandros del caso con la vida doméstica de sus personajes, en cuyos habitáculos bulle lo necesario para derretir un iglú: remordimientos corrosivos, duelos pretéritos y prematuros, pasiones fútiles.
De consiguiente, el realismo mágico se intensifica, puesto que si la gente es verosímil, los espectros se hacen tangibles.
IMÁGENES MACABRAS
El estilo es tan sofisticado que cada uno de los episodios parece una película… o un telefilme. La fotografía de Florian Hoffmeister es elegante y opresiva; las sombras abundan y adquieren una cierta densidad. El efecto es visceral y sentimos la desmoralización de quienes viven bajo la noche interminable, en la que el frío no da tregua y cada vaho puede ser el último. Es como una versión de la muerte.
Por otra parte, las imágenes nos ofrecen una intertextualidad cinematográfica de calidad. Por ejemplo, el DVD de La cosa (1982) no pasa desapercibido en la repisa de la sala de estar en Tsalal, y es un claro homenaje al gran John Carpenter. Y la lengua, al igual que la oreja cortada de Terciopelo azul (1986), inspira preguntas que no pueden ser respondidas desde lo racional, y solo queda desentrañar su poesía macabra.
Asimismo, hay bastantes referencias a la primera temporada de Pizzolatto. No obstante, vemos la espiral y las figuras de vudú como marcas de fábrica y no como elementos enjundiosos. Es decir, hay una continuidad corporativa, no narrativa.
Todo el material intertextual funciona y supone una suerte de educación audiovisual para los espectadores, ya que la directora señala, con reverencia en vez de parodia, las obras y los artistas que formaron su estilo culto y visionario.
Esto es evidente en una escena que alude a El silencio de los inocentes. Y, encima, Jodie Foster, quien ganara el Óscar a Mejor Actriz por aquella película, protagoniza Tierra Nocturna.
DÚO ATÍPICO
Este es el regreso triunfal de Foster a la actuación, en una producción a la altura de su legado cinematográfico y con su mejor papel en muchos años. Interpreta a la jefa de policía Liz Danvers, la encargada de resolver el caso. Es curioso que, siendo cínica y racista, su sentido del deber le valga el respeto de su comunidad; mas no reúne muchas cualidades dignas de admiración. Ella ejerce un liderazgo hostil y despectivo, su temperamento puede ser difícil de manejar y la atormenta un pasado traumático.
Foster está perfecta como Danvers, brindándole la sabiduría de sus años y, así, haciendo propio un personaje muy ajeno a ella y a Clarice Starling. Además, el guion le da la oportunidad de usar sus habilidades para la comedia, con chistes pesados y actitudes un tanto absurdas. En sus manos, Liz Danvers es una mujer completa, llena de contradicciones y de una humanidad profunda e insospechada.
Para llevar a cabo la investigación, cuenta con la ayuda de su antigua compañera, Evangeline Navarro, una policía de ascendencia dominicana e iñupiaq, interpretada por una soberbia Kali Reis.
Con una fuerte presencia, la excampeona mundial de boxeo le insufla su alma a Navarro, quien desconoce su lugar en el mundo y anhela el consuelo de un gesto suave. El trabajo de Reis es instintivo y muy correcto. Ella es toda una revelación.
Danvers y Navarro conforman un dúo atípico de detectives, y Foster y Reis se complementan tan bien, que la amistad de sus personajes es compleja y creíble en sus dilemas adultos, y siempre evoluciona.
UN SUEÑO ÁRTICO
Es palmario que López quiere emitir una declaración feminista, subrayando la sororidad en escenas donde mujeres socorren a otras mujeres, asisten partos, se acompañan en Nochebuena. Tierra Nocturna es la temporada más política de True Detective, por lo que el contenido puede resultar exigente para algunos espectadores.
Pero, afortunadamente, quienes preferimos la imaginación y la estética ante la rigidez de las experiencias de consumo, podemos deleitarnos con ideas inteligentes y volcarnos en un misterio que se asemeja a un sueño ártico: impredecible, espiralado, sublime.
Título original: True Detective: Night Country/Showrunner, creadora, guion y dirección: Issa López/Elenco: Jodie Foster, Kali Reis, Finn Bennett, John Hawkes, Fiona Shaw, Christopher Eccleston, Isabella Star LaBlanc/Fotografía: Florian Hoffmeister/Música: Vince Pope/País: Estados Unidos/ Género: Misterio, crimen, drama, terror, suspenso/Año: 2024/Idioma: Inglés, iñupiaq